Otro clásico y, como todo clásico, vale la pena volver a verlo. Pero, ¿por qué? Fundamentalmente porque es una película perturbadora. Es perturbadora porque la sola idea de que decenas de jóvenes salten a la vez al vacío o se arrojen debajo de un tren es, pienso, lo suficientemente fuerte como para conmovernos. Pero la otra razón por la que El Club del Suicidio logra inquietarnos es porque muestra algo sumamente actual: la percepción de que la muerte -sea propia o ajena- es algo que se puede experimentar como parte de un juego. Si alguna vez te corrió un escalofrío al leer titulares en los que un asesino declara que ha matado porque "quería ver que se sentía" o que un adolescente se suicida como parte de un desafío de Tik Tok, hay que ver este film. Vamos al análisis.
